LA INSEGURIDAD Y EL DETERIORO DE LA CONFIANZA NACIONAL

La encuesta nacional de Invamer realizada en febrero de 2026 no es simplemente una medición estadística del estado de ánimo de los colombianos; es una radiografía contundente del profundo sentimiento de incertidumbre, temor y desconfianza que hoy atraviesa al país.

Los resultados muestran con claridad que el orden público, la inseguridad y la violencia se han consolidado como la principal preocupación nacional, desplazando incluso problemas estructurales como el desempleo, la corrupción y la situación económica. Este dato revela que para millones de ciudadanos la prioridad ya no es únicamente mejorar sus condiciones materiales de vida, sino recuperar la tranquilidad y la certeza de que el Estado puede garantizar su protección.

Que cerca del 60% de los colombianos considere que el país va por mal camino evidencia un deterioro significativo en la confianza hacia las instituciones y hacia la capacidad del gobierno para responder eficazmente a los desafíos nacionales. Aunque algunos indicadores muestran leves variaciones frente a mediciones anteriores, el pesimismo continúa predominando. Más inquietante aún es que más de la mitad de los ciudadanos manifieste sentir miedo frente al futuro. Cuando una sociedad vive con temor e incertidumbre, se afecta no solo la estabilidad emocional de las personas, sino también la inversión, la productividad, la convivencia y la cohesión social.

Uno de los resultados más alarmantes es que el 70,6% de los encuestados considera que el Estado y la Fuerza Pública han perdido el control en territorios donde operan grupos armados ilegales. Esta percepción coincide con la realidad que se vive en numerosas regiones del país, donde las comunidades continúan sometidas a amenazas, extorsiones, desplazamientos forzados, confinamientos y restricciones a sus libertades fundamentales. En zonas como el Magdalena Medio, el Catatumbo, el Cauca, el Chocó y el sur del país, los defensores de derechos humanos, líderes sociales, campesinos e indígenas siguen enfrentando altos niveles de riesgo.

La inseguridad no puede entenderse únicamente como un problema de criminalidad urbana. Se trata de una afectación directa a derechos esenciales como la vida, la integridad personal, la libertad, el trabajo y la participación ciudadana. Cuando las personas temen salir de sus hogares, emprender actividades económicas o ejercer liderazgo comunitario, el Estado social de derecho se debilita y la democracia pierde legitimidad. La protección de los derechos humanos exige, por tanto, no solo respuestas policiales y militares, sino también justicia eficaz, presencia institucional integral, inversión social y lucha decidida contra la corrupción.

Los resultados de la encuesta muestran, además, una paradoja significativa. Mientras las Fuerzas Militares y la Policía mantienen altos niveles de favorabilidad, las instituciones políticas como el Congreso, los partidos y parte del sistema judicial continúan registrando bajos niveles de credibilidad. Esta brecha revela que la ciudadanía valora a quienes garantizan el orden, pero desconfía de quienes deben diseñar las soluciones estructurales. Sin instituciones legítimas y eficaces, cualquier estrategia de seguridad corre el riesgo de ser insuficiente y transitoria.

Colombia enfrenta hoy un momento decisivo. La combinación de inseguridad, pérdida de control territorial, temor al futuro y desconfianza institucional constituye una advertencia seria sobre la necesidad de corregir el rumbo. No se trata de promover discursos alarmistas, sino de reconocer que la seguridad es el fundamento sobre el cual se construyen la paz, la inversión, el crecimiento económico y la convivencia democrática. Un país que vive con miedo difícilmente puede avanzar hacia el desarrollo y la justicia social.

Desde la perspectiva de los derechos humanos, el mensaje de los ciudadanos es claro: el Estado debe recuperar su capacidad de proteger efectivamente a la población y de garantizar condiciones reales para vivir con dignidad. La paz no puede consolidarse mientras persistan territorios bajo control de actores armados, comunidades abandonadas y líderes amenazados. La seguridad, la justicia y el respeto por los derechos fundamentales deben dejar de verse como objetivos separados y convertirse en una política integral orientada al bienestar de todos los colombianos.

La encuesta de Invamer constituye, en última instancia, un llamado urgente a la reflexión y a la acción. Los colombianos no solo expresan preocupación; exigen resultados. Quieren instituciones confiables, liderazgo responsable y decisiones que devuelvan la tranquilidad a los hogares y a los territorios. Escuchar ese mensaje y actuar con seriedad es una obligación ética y política impostergable. Porque cuando el miedo se convierte en el sentimiento predominante de una nación, proteger la vida, la libertad y la esperanza deja de ser una promesa y se convierte en el deber más importante del Estado.

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JOSE LUIS MORENO ALVAREZ

Representante Legal y Presidente Plataforma Internacional de Derechos Humanos Territorio y Paz

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